EL ÚLTIMO TRABAJO DE JACK La niebla de Whitechapel no era aire, sino un sudario húmedo que se pegaba a la piel como el remordimiento. Jack Aquella noche de 1888, el hombre conocido como Jack después de su último asesinato sintió esas inmensas ganas de terminar de quitar vidas, ya no sentía esa misma algarabía de un comienzo, entonces meditaba sobre su retiro, avanzaba con el paso rítmico de un depredador que ya no siente emoción, solo una inercia mecánica. En su maletín, el acero descansaba frío, esperando el contacto con la calidez de la vida. Dobló la esquina de Miller’s Court, buscando la penumbra necesaria para su ritual, cuando un susurro rompió la monotonía del viento. No era el grito de una víctima ni el silbato de un bobby. Era una voz pequeña, quebradiza pero firme. —Sé quién es usted. Lo he estado siguiendo desde la calle comercial. Jack se detuvo. Sus dedos se cerraron sobre el mango del cuchillo. Al girarse, no encontró a un hombre robusto ni a una mujer aterrorizad...