Oddi
Oddi era un duende viejo en el cuerpo de un niño dulce y
cariñoso, de 5 años, que como no lo bautizaron se convirtió en un espíritu
oscuro. Un duende que ahora recolecta monedas de oro y plata para guardarlos en
su cofre que guarda bajo su cama. Sus Padres al darse cuenta que desaparecía el
dinero y que él tenía muchas monedas de dudosa procedencia, lo castigaron y le
quitaron el cofre. Oddi hizo una rabieta gritando y saltando en el suelo y fue
difícil calmarlo, estuvo dos días molesto con sus padres. Hasta que se dio
cuenta que podía guardar el dinero en una de sus medias y esconderlo en lugares
secretos. Quería juntar la mayor cantidad para comprar muchos dulces, dada su naturaleza
de niño, mas su ambición de duende hacía que siempre quisiera más. Mientras
tanto en la casa era una preocupación constante que se perdiera el dinero. Los padres
se culpaban el uno al otro por las pérdidas. Por más que buscaban, el dinero no
estaba en ningún lado, simplemente desaparecía. Oddi lo tomaba con su risa diabólica
y se escabullía con su pequeño cuerpo de 5 años para esconderlo en lugares impensables,
donde a veces él mismo se olvidaba que
lo había dejado. Así iba acumulando su fortuna. A Oddi le gustaba andar bien
vestido, se levantaba temprano, se bañaba, se ponía su ropa más elegante, corbata,
los zapatos los dejaba brillantes, se miraba en el espejo y se decía “Soy muy
guapo”. Le gustaba ver películas de terror, lo cual le sorprendió a sus padres y
en las escenas más sangrientas se reía burlonamente mientras comía popcorn. Los dulces que se compraba con su dinero, se
los comía a escondidas, para no levantar sospechas, pero sobre todo para no
invitar a nadie. Se escondía en lugares donde sólo él cabía, a veces se metía a
los cajones de la cómoda, a los estantes de libros, a los roperos, la lavadora,
en fin, cualquier rincón donde nadie lo viera y devorara sus chocolates. Comía golosinas
como si no hubiera un mañana y salía de ahí empachado, por lo que no quería comer
la comida que le daba a su mamá, la cual a veces la vomitaba. Cuando su papá
llegaba cansado de trabajar y su mamá estaba exhausta de las labores domésticas,
él se subía en sus espaldas y exigía que lo carguen, no bajaba hasta dejarlos totalmente agotados.
Los padres de Oddie empezaron a sufrir dolor de espalda, les costaba dormir o
se dormían profundamente, por el cansancio. Como Oddie no dormía de noche, ahí
aprovechaba para hacer sus maldades, esconder el dinero o hacer cualquier
travesura y en la madrugada, cansado de hacer de las suyas, se quedaba dormido
sobre el cuerpo de sus padres, así que ellos despertaban más cansados de lo que se
acostaban. Al día siguiente, encontraban las paredes pintadas, el colorete de
mamá en el retrete, el champú vaciado sobre el caño, el ketchup y la mayonesa
en sus pantuflas. Oddi siempre escondía uno de los zapatos de sus papás para
que ver que ellos desesperados lo buscaran.
Los padres tardaron en notar que no podían controlar a Oddi,
ya que no respetaba ninguna autoridad y que dentro de él habitaba un alma
oscura, así que por consejo de una buena amiga, lo llevaron a bautizar. El día
del bautizo cuando, en nombre de Dios, le echaron el agua bendita, se pudo ver
claramente como un espíritu maligno salía de su pequeño ser, una especie de
sombra oscura, que se iba saltando de un lado a otro, mientras renegaba y
maldecía. Desde aquel día Oddie ha sido el niños más dulce y cariñoso, que
siempre debió ser. No tolera las películas de duendes, le causan miedo porque
representa el ser malvado que alguna vez habitó su ser y que le hizo daño a sus
amados padres.

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